Mientras el mundo calla, la gente muere y mata esa es la
realidad de hoy. Tenemos que tener claro que en muchos lugares del mundo las
personas se matan unos a otros, ante el silencio de todos los que le rodean y
eso es algo que sucede a diario.
Hoy, las lágrimas del mundo miran hacia Israel y Gaza
mientras las víctimas sucumben ante el silencio de la comunidad internacional.
Mientras miles de inocentes mueren bajo las bombas de un bando u otro, la
respuesta del mundo se reduce a algún presidente declarando su condena a la
guerra, algo que aparte de no tener mérito alguno resulta monstruoso.
Sería un error mayúsculo tratar de ver el problema como un
conflicto, pues es una guerra en pleno desarrollo. Acusar a Israel de genocida,
es olvidar que desde Gaza también se mandan bombas y se mata gente, ninguno de
los dos dispara mandarinas precisamente.
Claro está, que es fácil ver como mucha gente se manifiesta
y condena la guerra situándose en un bando u otro, cuando los que realmente
pierden somos todos los seres humanos. La raza humana sucumbe a sus miserias
cada vez que nos matamos entre nosotros.
No voy a decir que en Israel son unos genocidas, ni que en
Gaza unos terroristas, porque todos deberían de tener el mismo peso de culpa en
sus conciencias. Aquí los únicos que pierden son los cientos de inocentes que
sucumben a la destrucción de las bombas que mandan sus vecinos.
Y mientras, el mundo calla, hipócritas descerebrados que
dejan que nos matemos unos a otros. Aquí nadie protege a nadie, detrás de esas
corbatas, esos debates o escaños, se esconde la raza de hipócritas más grande
del mundo. Nadie mira por nadie, ni la OTAN, ni la UE, ni Obama, la única
esperanza de paz está en los corazones de aquellos que ordenan mandar sus
bombas a sus vecinos.


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