Las últimas
noticias que nos ha traído la actualidad política, han sido el verdadero
reflejo de lo único que durante mucho tiempo ha sido capaz de generar nuestra realidad
política y social. Vergonzosos momentos de humillantes desfiles por los
juzgados, por parte de aquellos que un día gobernaron la carroña de este país.
El primer
ejemplo es el ex banquero Miguel Blesa, ese gran generador de ruina y tristeza
al que se le permiten enfrentamientos con jueces y víctimas, mientras brinda
grandes sesiones de prepotencia y caradura, bajo el humillante canto protesta
de aquellos a los que estafó.
Todavía hoy
espera juicio por las consecuencias de la mayor debacle banquera que se llega a
recordar en España. La ruina y desesperación que ha sembrado en millones de
hogares de este país, merece al menos una pequeña respuesta por parte de la
cartera que maneja el Sr. Gallardón.
Otro de los
ejemplos, es el esperpéntico espectáculo que estamos viviendo a diario bajo el
sumario del Caso Noos, donde las evidencias delictivas del Sr. Urdangarín y su
socio no parecen suficientes para la verdadera justicia.
Larga es la
mano de la monarquía, que convierte a los fiscales en abogados defensores de
los delincuentes. Demasiado peso para una frágil justicia.
Aunque el
chistoso y a la vez humillante descalabro que se vive actualmente, se ve
reflejado con nitidez en el tira y afloja que se traen UPyD y PP en Brunete,
así como en las demandas que Podemos pondrá contra Esperanza Aguirre y Eduardo
Inda.
La sensación
que se nos queda a todos después de conocer este tipo de aberrantes sucesos, es
la fragilidad de un sistema de justicia viciado de tal manera que nadie confía en
él.
Nuestra
realidad política y social camina bajo la sombra de un juzgado, cuya raíz y cimientos son
frágiles y seguro que no son ejemplo para nadie en el mundo.


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