La mentira, arma de destrucción masiva



Resulta increíble escuchar como desde el gobierno español que preside Mariano Rajoy, venden estos últimos días una “recuperación económica” de la que todo el mundo oye hablar, pero solo en la calle Génova son capaces de ver y vivir.

Cuando los últimos datos de la EPA del primer trimestre de 2014 sitúa el número de parados en 5,9 millones, Mariano Rajoy brinda a todos el mundo frases como “no ha habido recortes sociales” e incluso es capaz de decir que “en este país hay un estado de bienestar como no hay en ningún país del mundo”, este hecho resume la realidad en algo muy simple, tu vives mientras ellos mienten.

Cierto es que empieza a aparecer algo más de movimiento en el mercado laboral, lo que en La Moncloa no son capaces de reconocer es la precariedad de ese mercado laboral.

El gobierno del Partido Popular subió impuestos nada más llegar a la Moncloa con el único objetivo de poder bajar la deuda pública  del estado, no conseguido el objetivo anuncian una bajada de impuestos para reactivar el consumo y el empleo, sin darse cuenta que el estado actual de los precios así como la precariedad de los sueldos hacen imposible que suba el consumo, por no hablar de que un empleo precario no mejora en nada la calidad de vida.

Lo único que salva al país del hundimiento es la caridad del hombre humilde, porque mientras el gobierno miente a todo los españoles sobre la solución que ha dado al desastre que sembró Aznar y crió con esmero Rodríguez Zapatero, no persigue ni se culpa a los grandes defraudadores ni a los cientos de corruptos que siembra y brota de la política española.

Escuchar como los ministros y dirigentes del Partido Popular presumen de la recuperación económica, es aberrante y debería ser motivo suficiente para que no reciban ningún voto en la próxima cita con las urnas.

No necesitamos que nos mientan y nos engañen más, no necesitamos necios y embusteros que protejan al fuerte y golpeen al líder y al humilde, olvidándose que los colores de la bandera de este país se forjan día a día con el sudor y las lágrimas de la gente humilde.

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