El triste conflicto que está teniendo lugar en el Hospital
de Bellvitge de Barcelona, ha puesto al descubierto una verdad que pocos se
atreven a reconocer, los problemas de Cataluña no se solucionaran con una
hipotética independencia.
Mientras Artur Mas y su equipo de lacayos embadurnan la
realidad catalana de sueños de vino y rosas, el pueblo al que dicen servir
sucumbe a otro tipo de necesidades básicas pérdidas, como la calidad de la
sanidad pública y su deterioro, por el que tanto luchan desde Bellvitge.
Decir una y otra vez que la culpa es de España y los
españoles, que la independencia solucionará todos los problemas que azotan, es
una manera más de engañar al pobre electorado que te ha alzado al trono.
La prepotencia de estas personas que gobiernan en Cataluña,
es tan grande que apenas bajan a la calle a solucionar los problemas que sufren
los verdaderos afectados, las personas.
Quizá el hecho o idea de una Cataluña independiente sea una
buena opción, no lo sé. Lo que sí sé, es que clamar la independencia como
solución mientras ocurren problemas de verdad a los que se les da la espalda,
es algo vil y rastrero propio de la calaña política que gobierna el mundo.
Los catalanes necesitan soluciones reales y válidas a los problemas
reales, esos que sufren las personas de la calle, los verdaderos ciudadanos. La
sanidad se deteriora mientras se cierran camas, alargan listas de espera y
cierran centros de salud, la educación pública se deteriora y la corrupción
campa a sus anchas junto con él desempleo. Preocuparse de esto, debería de ser
la prioridad para el gobierno de Artur Mas y no vender humo e ilusiones de algo
que nadie sabe si llegará a pasar.

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